Convertirla en una herramienta educativa.
Muchos padres dedican mucho tiempo a decidir cómo van a dar la paga a sus hijos.
¿Será semanal o mensual? ¿Será fija? ¿Dependerá de las tareas de casa?
Todas esas preguntas son importantes. Pero hay una mucho más importante que casi nadie se hace: ¿Qué hacemos después de darle la paga?
Porque la paga, por sí sola, enseña poco. Es exactamente igual que darle un cuaderno a un niño. El cuaderno no educa. Lo que educa es lo que hace con él.
Con la paga ocurre exactamente lo mismo. Puede convertirse simplemente en dinero para comprar chucherías… O puede ser una de las mejores herramientas para enseñar responsabilidad, paciencia, planificación y toma de decisiones.
Estas son algunas de las ideas que más nos gustan para conseguirlo.
Es probablemente la más difícil para muchos padres.
Tu hijo recibe su paga y decide gastársela en algo que, desde tu punto de vista, no merece la pena. La tentación es enorme: "¡No te lo compres! Es una tontería. Ya verás cómo luego te arrepientes."
Pero… ¿y si dejamos que ese aprendizaje llegue por sí solo?
Cuando un niño gasta su propio dinero y descubre unos días después que ya no puede comprar aquello que realmente quería, está viviendo una lección que difícilmente olvidará.
Eso sí, una cosa es no intervenir y otra muy distinta desentenderse. Después de cada decisión podéis hablar. Y hacer la reflexión es súper importante. Preguntarle cómo se ha sentido. Si volvería a hacer lo mismo. Qué haría diferente la próxima vez.
Las mejores conversaciones suelen llegar después de los errores, no antes.
Es uno de los clásicos de la educación financiera infantil. Cada vez que recibe dinero, lo divide en diferentes destinos:
- Un tarro para gastar
- Otro para ahorrar
- Y otro para invertir o donar, según la edad y los valores que queráis trabajar en casa
¿Por qué funciona tan bien? Porque ayuda a entender que no todo el dinero tiene el mismo propósito. Cada euro recibe una misión antes incluso de ser gastado.
Y ese pequeño hábito puede acompañarles durante toda la vida.
Tu hijo quiere comprarse algo. Ha ahorrado. Pero todavía no le llega.
En lugar de decir simplemente "no", podéis convertir la situación en un aprendizaje. Le prestáis la cantidad que le falta. Con una condición: deberá devolverla poco a poco… y con un pequeño interés.
No se trata de ganar dinero a costa de vuestro hijo. Se trata de que descubra que pedir dinero prestado tiene un coste.
Así entenderá mucho mejor qué es una deuda, qué son los intereses y por qué conviene pensar dos veces antes de pedir un préstamo. Una conversación que, dentro de unos años, puede ahorrarle muchos problemas.
Ahora cambiamos completamente los papeles. En lugar de prestarle dinero a vuestro hijo… se lo pedís vosotros.
Le explicáis que lo necesitáis durante unas semanas y que, cuando se lo devolváis, recibirán un poquito más.
Y de repente descubre algo fascinante: que el dinero puede generar más dinero.
Sin hablar de bolsa o de fondos. Sin utilizar palabras complicadas. Simplemente viviendo una pequeña experiencia. Y muchas veces esas experiencias enseñan mucho más que cualquier explicación.
Tarde o temprano llegará ese día: "Papá, mamá… creo que ya me toca cobrar más."
Perfecto. Pero antes tendrá que convencer al comité.
¿Por qué cree que merece esa subida? ¿Qué responsabilidades nuevas ha asumido? ¿Qué ha cambiado desde la última vez?
Sin darse cuenta estará aprendiendo a defender sus ideas, argumentar y negociar. Tres habilidades que le servirán muchísimo más allá del dinero.
No hace falta una hoja de cálculo. Ni una aplicación. Ni conocimientos de economía. Una libreta es suficiente.
Anotar cuánto recibe, cuánto gasta, cuánto ahorra y cuánto le queda.
Es un hábito muy sencillo pero tiene un efecto enorme. Porque es muy difícil gestionar aquello que no conocemos.
Muchos adultos tienen problemas con el dinero simplemente porque nunca han sabido exactamente dónde está. En cambio, un niño que aprende desde pequeño a llevar un pequeño control crecerá viendo la organización como algo completamente normal.
Esta idea suele gustar muchísimo (y a nosotros nos encaaanta).
Dos hermanos. O un padre y un hijo. O dos primos. Ambos quieren conseguir un mismo objetivo pero ninguno puede hacerlo solo.
Así que deciden convertirse en socios. Cada uno aporta una parte. Cada uno participa. Y cuando consiguen su objetivo, ambos disfrutan del resultado.
Con un ejercicio tan sencillo aparecen conversaciones sobre colaboración, confianza, acuerdos y compromiso. Los niños descubren que muchas veces juntos pueden llegar mucho más lejos que por separado.
Y esa también es una graaaan lección financiera.
Y es que la paga nunca ha sido el objetivo
Muchos padres creen que la paga sirve para enseñar a ahorrar. Nosotros creemos que eso es quedarse muy cortos.
La paga puede enseñar:
- Paciencia
- Responsabilidad
- Planificación
- Negociación
- Inversión
- Colaboración
- Autocontrol
Y, sobre todo, puede enseñar que cada decisión tiene consecuencias.
Da bastante igual si das una paga semanal o mensual, si es fija o variable o si depende de las tareas o no. Lo realmente importante es aprovechar todas las pequeñas conversaciones que aparecen alrededor de ese dinero.
Porque la paga no es el fin. Es la excusa perfecta para preparar a nuestros hijos para las decisiones que algún día tendrán que tomar cuando el dinero sea de verdad.
¿Pero tus hijos entienden qué es el dinero?
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