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🐷 Ahorrar

Ahorrar para lo que sabes que llega

Lo que vuelve cada año no es un imprevisto: es una cita.

Cada septiembre pilla a todo el mundo por sorpresa, y cada septiembre está en el mismo sitio del calendario. Hay gastos que no son imprevistos: son citas. Y para las citas no hace falta un colchón, hace falta un sobre con fecha.

Qué es, en una frase

Ahorrar para lo previsto es apartar cada mes una parte de un gasto que sabes que va a llegar, para que el día que llegue esté pagado y no rompa el mes.

Tres montones y un gofre

El mercadillo del colegio es en diciembre y lo organiza Marta, la maestra que lleva un lápiz clavado en el moño y el silbato del patio colgando aunque sea sábado.

Amina tiene nueve años, es hija de Said, el de la tienda de bicis, y los sábados le echa una mano en el taller. Trae la calculadora vieja de su padre en el bolsillo, aunque casi nunca la usa: hace las cuentas antes.

Su parada vende pulseras y libretas de segunda mano. Al final de la mañana, en la caja de zapatos hay treinta y ocho euros; en la libreta de las cuentas ha apuntado treinta y nueve con cincuenta, porque una niña de tercero se llevó una pulsera y dijo que luego pagaba. Amina no fue a buscarla. Le da un apuro tremendo pedir lo que le deben.

La excursión de junio la paga su padre, como todos los años y como en todas las casas. Lo que no paga nadie es lo de dentro: el bocadillo del área de servicio, el llavero de la tienda del museo, el helado si hace calor. Eso sale de cada uno.

Bruno, que tiene doce años y ha vendido en la parada de al lado, cuenta lo suyo y se va derecho a la parada de los gofres.

Amina ha hecho tres montones encima de la mesa antes de guardar nada. Uno para hoy. Otro para junio, que faltan seis meses y ella ya ha dividido entre seis lo que cuesta un día fuera. Y otro para el cumpleaños de su padre, que es en marzo.

Y le da envidia, de verdad. Bruno tiene un gofre en la mano y ella tiene tres montones, y a los nueve años un gofre es un gofre.

En junio, en la puerta del autobús, Bruno le pide dinero a su madre y su madre se lo da, como se lo dan casi todas las madres a casi todos los niños.

Amina no le pide nada a nadie. Abre su sobre en el asiento del autobús, cuenta lo que lleva y decide ella sola, tres veces en todo el día, qué compra y qué no.

En el viaje de vuelta los dos van dormidos, con el mismo llavero del museo.

Qué nos enseña esta historia

La misma idea, a cada edad

La técnicaEl bote de una fecha concreta

A esta edad no hay calendario en la cabeza, pero sí hay fechas que se esperan: un cumpleaños, las fiestas, el verano. Coge un bote y pégale el dibujo de esa fecha, por ejemplo el regalo de una amiga. Cada semana, que meta él una moneda dentro y que cuente las que lleva: cada moneda es una semana, y así la espera se cuenta con los dedos. Cuando llegue el día, que sea ese bote el que pague el regalo, y que lo vea. Ver salir el dinero del sitio donde lo iba metiendo es la lección entera, y no hace falta explicar nada más.

Díselo así«Este bote es para el regalo de tu amiga. Una moneda cada semana: cuéntalas y sabrás cuánto llevas.»

La técnicaUn sobre para cada cita del año

Ya maneja el calendario y las semanas. Coged un papel y apuntad juntos los gastos suyos que ya sabéis que van a llegar este año: el regalo de un amigo, lo que quiera llevarse el día de la excursión, la camiseta que se compra cada verano. Poned al lado el precio aproximado y cuántas semanas faltan, y dividid. La cantidad que sale suele ser tan pequeña que se ríe. Después dale un sobre para cada cosa y que reparta él cuando le llegue la paga. La gracia está en que cada gasto tenga su sitio y no un montón común.

Díselo así«Faltan veinte semanas y son diez euros. ¿Cuánto tienes que guardar cada semana?»

La técnicaLa lista de lo anual, dividida entre doce

Aquí ya se puede hacer la lista de verdad, y sorprende bastante. Sentaos a apuntar los gastos de casa que llegan siempre y nunca están en el mes: los seguros, la revisión del coche, los libros, las navidades, las vacaciones. Sumadlo todo y dividid entre doce. Ese número es lo que de verdad cuesta cada mes vuestra vida, aunque el recibo llegue una vez al año. Enseñárselo cambia su idea de lo que cuesta una casa más que cualquier charla sobre el dinero.

Díselo así«Esto llega una vez al año, pero se paga todos los meses. Mira lo que sale al dividirlo.»

La técnicaSu lista anual, en un sitio distinto de sus metas

Con dinero propio ya le pasa lo mismo que a un adulto: los gastos gordos son anuales y lo que entra es mensual. Ayúdale a hacer su lista —el móvil, un viaje, los regalos, la matrícula— y a dividir el total entre doce. Que aparte esa cantidad cada mes en un sitio distinto del ahorro para sus objetivos, porque si se mezclan acaba gastándose lo que ya estaba comprometido. Y que la revise una vez al año, no cada mes: esto se monta una vez y funciona solo.

Díselo así«Divide entre doce todo lo que llega una vez al año. Eso es lo que te cuesta el mes de verdad.»

Cómo funciona de verdad

Hay dos tipos de gasto que suelen meterse en el mismo saco y no se parecen en nada. Los imprevistos no se pueden saber: una avería, una urgencia, y para eso está el fondo de emergencia. Los previstos sí se saben: llegan todos los años por las mismas fechas y con un importe muy parecido. El seguro del coche no es una sorpresa; lo único sorprendente es que siempre nos pille igual.

El método tiene un nombre poco elegante —ahorro finalista— y una mecánica de una sola operación: se suma todo lo que llega una vez al año o una vez por temporada, se divide entre doce y se aparta esa cantidad cada mes en un sitio propio. Cuando llega el recibo, ya está pagado. El gasto no ha bajado ni un euro; lo que ha cambiado es que ha dejado de caer todo en el mismo mes.

Con un ejemplo. Imagina una casa con 600 € de seguros, 300 € de libros y material, 400 € de navidades y 700 € de vacaciones: 2.000 € al año. Repartidos, unos 167 € al mes. Es bastante dinero, pero es dinero que ya se estaba gastando. La diferencia es que ahora aparece todos los meses y no en tres meses concretos que se resuelven pidiendo prestado o rascando de donde no hay.

Una advertencia práctica: si todo esto se guarda en el mismo sitio que el fondo de emergencia, los dos dejan de funcionar. El fondo parecerá más grande de lo que es y, cuando pase una avería de verdad, se tirará del dinero que ya estaba comprometido para el seguro. Sitios separados, aunque solo sean dos nombres apuntados dentro de la misma cuenta.

En qué se diferencia🛟 El fondo de emergenciaUno cubre lo que ya está en el calendario y el otro lo que no se puede saber; mezclarlos vacía los dos.

Errores frecuentes

Palabras que oirás por ahí

Ahorro finalista
Dinero apartado para un gasto concreto y con fecha. No es un colchón: ya tiene dueño antes de guardarse.
Sinking fund
Nombre inglés de este mismo método, muy usado en foros de finanzas familiares. Literalmente, un fondo que se va vaciando en su fecha.
Gasto estacional
El que se concentra en unos meses concretos del año: vacaciones, vuelta al cole, navidades, seguros.
Prorratear
Repartir un importe anual entre los doce meses para que cada mes soporte su parte. Es la operación central de este método.

Preguntas frecuentes

¿En qué se diferencia esto del fondo de emergencia?

En que aquí sabes la fecha y el importe aproximado. El fondo de emergencia cubre lo que no se puede saber; esto cubre lo que está en el calendario. Conviene tenerlos separados, porque si se juntan se acaba usando para una avería el dinero del seguro.

¿Cuántos sobres o cuántas partidas hay que tener?

Las menos posibles para que se sostenga. Con cuatro o cinco categorías grandes —seguros, coche, colegio, navidades y vacaciones— se cubre casi todo. Veinte partidas quedan muy bien en una hoja de cálculo y nadie las mantiene tres meses.

¿Cómo se lo explico a un niño pequeño?

Con un bote y una fecha que le importe: el regalo de un amigo, el día de la excursión. Que meta una moneda cada semana y que el día señalado pague de ahí, delante de él. Entender que un gasto se prepara antes es la idea, y a los cuatro años se entiende mirando el bote.

¿Y si no llego a apartar esa cantidad cada mes?

Entonces el problema no es el método, es que esos gastos no caben. Verlo repartido en doce meses es incómodo, pero es la primera vez que se ve el coste real: a partir de ahí se puede decidir qué se recorta, en lugar de descubrirlo cuando llega el recibo.

¿Le hago pagar la excursión del colegio con su dinero?

No. La excursión es parte del colegio y la pagas tú, como en todas las casas. Lo que sí puede apartar él es su dinero para ese día: el bocadillo, el llavero de la tienda del museo, el helado si hace calor. Esa es la cita del calendario que aprende a preparar, y es suya de verdad.

Recursos que ayudan a entenderlo