Todo el mundo ha oído que el interés compuesto es una maravilla. Lo que casi nunca se cuenta es la parte incómoda: para que haga algo interesante hacen falta muchos años, y los años buenos llegan al final.
Qué es, en una frase
El interés compuesto es el interés que se calcula también sobre los intereses ya generados. Cada año se parte de una cantidad un poco mayor, así que el dinero crece cada vez más deprisa.
Cuarenta años de cantidades pequeñas
Vera tiene dieciséis años y lleva sus cuentas al céntimo en una hoja del móvil. Trabaja los veranos en un bar y está ahorrando para el carné. Esta tarde ha venido a casa de su abuela Pilar a que le cosa un parche de la chaqueta vaquera.
Pilar tiene setenta y dos años y una pensión modesta. Antes de coser nada baja de la estantería la caja de latón de galletas y la deja abierta encima de la mesa.
Debajo de los botones hay una libreta pequeña con rayas hechas a bolígrafo. Vera la abre.
—¿Y esto qué es?
—Lo que iba apartando cada mes. Desde que me casé.
—¿Cuánto apartabas?
—Poco. Lo que sobraba. Algunos meses, nada.
—¿Y dónde lo metías?
—En el banco, en una cuenta de las que daban un poco cada año. Lo llevaba el día de cobrar y no lo tocaba.
Vera pasa las hojas. Son cuarenta años de cantidades pequeñas, ninguna llamativa, ni una sola cifra que impresione. Ella esperaba encontrar un año en el que su abuela hubiera metido mucho, y no lo hay. Lo que hay al final es una suma que no le cuadra con lo poco que ve apuntado arriba.
—Abuela, esto no sale.
—Pues salió.
Vera saca el móvil. Escribe una cantidad pequeña al mes, cuarenta años y un porcentaje inventado, por poner algo, y le da al igual. El número que aparece se parece bastante al de la libreta. Entonces repite la cuenta quitando los diez últimos años, esperando que baje una cuarta parte, y el resultado se le cae por un barranco: baja casi la mitad.
Lo hace otra vez, por si se ha equivocado al teclear. No se ha equivocado.
—Los diez últimos años valen más que los treinta primeros —dice en voz alta, y se le nota la ilusión en la cara, que es lo que le pasa siempre que algo encaja.
—Yo de porcentajes no sé nada —dice Pilar, que sigue cosiendo sin levantar la vista—. Yo sé que lo empecé pronto y que no lo saqué.
Vera se queda mirando la libreta un rato largo. Luego abre su hoja de cálculo, deja la línea del carné donde estaba y escribe otra debajo, con una fecha que está muy lejos. No se lo cuenta a nadie.
Qué nos enseña esta historia
- El interés compuesto no es que el dinero crezca: es que crece también lo que ya había crecido.
- Los primeros años parecen no servir para nada. Son justamente los que hacen posible el final.
- El ingrediente que más pesa no es la cantidad ni el porcentaje: es el tiempo.
- Empezar pronto con poco gana casi siempre a empezar tarde con mucho.
- Funciona igual de bien en contra: los intereses de una deuda también se calculan sobre lo que ya debes.
La misma idea, a cada edad
La técnicaLas pipas de la manzana, contadas de una en una
A esta edad no hay porcentajes que valgan, pero sí hay una manzana. Córtala de lado y sale una estrella, y en cada punta hay pipas. Que las saque él y las cuente en voz alta, tocándolas de una en una. Y entonces se lo dices sin explicar nada más: dentro de cada una de esas pipas cabe un manzano entero, y cada manzano da manzanas, y dentro de cada manzana vuelve a haber pipas. Lo que se le queda no es un número: es que lo que sale puede volver a empezar.
Díselo así«En cada pipa cabe un manzano entero. Y cada manzano vuelve a dar pipas.»
La técnicaUna moneda al mes por cada cinco que ya tiene guardadas
Ya puede ver el mecanismo con dinero suyo y con un papel. Pactad un trato de tres meses: cada mes le añades una moneda por cada cinco que tenga guardadas, no por cada cinco que meta ese mes. En esa diferencia está la idea entera. Que lo apunte él mes a mes y compruebe que la moneda que le toca es cada vez más grande sin que haya hecho nada distinto. Cuando lo descubra, no le expliques nada más.
Díselo así«Fíjate: este mes te toca más que el anterior. ¿Y eso por qué?»
La técnicaLa misma cuenta, empezada hoy y empezada cinco años más tarde
Aquí ya se puede calcular, y calcular es justo lo que engancha. Poned en la calculadora del móvil una cantidad, un porcentaje inventado y unos cuantos años, y mirad juntos qué sale. Luego repetid la cuenta empezando cinco años más tarde: el resultado se hunde mucho más de lo que él espera, y esa sorpresa vale más que cualquier explicación tuya. Termina enseñándole la otra cara, la de una deuda que también se acumula, para que reconozca el mecanismo en los dos sentidos.
Díselo así«¿Y si empezáramos cinco años más tarde? Haz la cuenta otra vez.»
La técnicaLa regla del 72: en cuántos años se dobla
A esta edad la conversación ya puede ser de verdad. Enséñale la regla del 72: si divides 72 entre el porcentaje anual, sale más o menos en cuántos años se dobla un dinero. Con eso en la mano, que calcule él qué pasaría con lo que ahorre este verano si no lo tocara en veinte años, y también qué pasa con lo que se queda pendiente en una tarjeta. Y luego no cierres tú la conclusión: pregúntale qué haría y quédate callado.
Díselo así«Divide setenta y dos entre el porcentaje. Eso son los años que tarda en doblarse.»
Cómo funciona de verdad
Y una condición que se da por supuesta y no lo es: para que haya interés compuesto, el dinero tiene que estar en algún sitio que pague algo —una cuenta, un depósito, un fondo—. En una caja de casa no hay interés compuesto: hay una caja, y además cada año compra un poco menos que el anterior.
La diferencia con el interés de toda la vida cabe en una frase: el interés simple se calcula siempre sobre lo que pusiste al principio, y el compuesto sobre lo que hay ahora. Con un ejemplo inventado se ve enseguida. Imagina 1.000 € y un 5 % al año. Con interés simple ganas 50 € cada año, siempre los mismos. Con interés compuesto el primer año ganas esos 50 €, pero el segundo el 5 % se calcula sobre 1.050 €, así que ganas 52,50 €. La diferencia del segundo año es ridícula, dos euros y medio. La del año veinte, no.
Hay un truco para calcularlo de cabeza que se llama la regla del 72: se divide 72 entre el porcentaje anual y sale, más o menos, en cuántos años se dobla el dinero. A un 6 % tardaría unos doce años; a un 3 %, unos veinticuatro; a un 10 %, algo más de siete. No es exacto, pero sirve para lo importante, que es ver que la mitad del trabajo la hace el tiempo y no la cantidad.
De ahí sale la parte que cuesta creer: la curva no sube en línea recta, sube cada vez más inclinada, así que los últimos años pesan mucho más que los primeros. Alguien que empieza a los veinte y para a los treinta puede acabar con más que alguien que empieza a los treinta y no para nunca. Los primeros años parecen no hacer nada y son los que compran todos los demás.
Conviene contar también la cara fea, porque es la que se va a encontrar antes. El mismo mecanismo funciona en contra cuando quien cobra los intereses es otro: en una tarjeta aplazada, los intereses del mes se suman a la deuda y al mes siguiente se calculan intereses sobre esos intereses. La misma curva, mirando hacia abajo. Esto es información educativa para explicárselo a tus hijos, no un consejo de inversión.
En qué se diferencia🐜 Los gastos hormiga🎈 La inflaciónLos tres son la misma criatura: un porcentaje pequeño repetido muchísimas veces. Aquí suma a tu favor; en los gastos hormiga y en la inflación, resta.
Errores frecuentes
- Creer que hace falta una cantidad grande para empezar. Lo que hace falta es tiempo; la cantidad se va arreglando por el camino.
- Mirar el resultado del primer año, ver que no pasa nada y abandonar. El primer año nunca pasa nada.
- Sacar el dinero y volver a meterlo cada poco. Cada vez que se corta, la cuenta vuelve a empezar desde abajo.
- Contárselo a los niños como si fuera magia. No lo es: es una multiplicación repetida, y explicada así se entiende mejor.
Palabras que oirás por ahí
- Regla del 72
- Truco para calcular de cabeza en cuántos años se dobla un dinero: se divide 72 entre el porcentaje anual. No es exacto, pero se acerca mucho.
- Capitalización
- El momento en que los intereses generados se suman al dinero y pasan a generar intereses ellos también. Puede ser anual, mensual o diaria.
- Interés simple
- El que se calcula siempre sobre la cantidad inicial y nunca sobre los intereses ya ganados. Es el hermano pequeño del compuesto.
- Horizonte temporal
- Los años que faltan hasta que vas a necesitar ese dinero. Es el dato que más cambia cualquier decisión.
Preguntas frecuentes
¿Cómo le explico el interés compuesto a un niño pequeño?
Con el bote de las monedas y un trato: por cada cinco monedas que tenga guardadas, tú le pones una más. Al mes siguiente le tocan más monedas sin que él haya hecho nada distinto. Ese es el mecanismo entero, y se ve con la mano antes que con la cabeza.
¿Hace falta mucho dinero para que esto sirva de algo?
Hace falta tiempo, que es lo que más tienen tus hijos y lo único que no se puede comprar después. Una cantidad pequeña con muchos años por delante acaba pesando más que una cantidad grande empezada tarde.
¿No es prometerle que se va a hacer rico?
No, y conviene decírselo tal cual. Ninguna rentabilidad está garantizada, y el mismo mecanismo funciona en contra si quien cobra los intereses es un banco. Lo que sí se le puede decir es que el tiempo cuenta, y eso es cierto en las dos direcciones.
¿Desde cuándo puede tener su propio dinero creciendo?
Desde que tiene dinero, aunque sea en una hucha en la que crece porque tú añades algo. Lo que se está formando a esa edad no es el capital: es la costumbre de no tocarlo.
