Napoleon Hill se pasó veinte años entrevistando a las personas más ricas de su época. El resultado, publicado en 1937, es probablemente el libro de crecimiento personal más copiado del mundo.
De qué va
El encargo se lo hizo el industrial Andrew Carnegie: averiguar qué tenían en común quienes habían construido una fortuna. Hill entrevistó a cientos de personas durante dos décadas y ordenó lo que encontró en trece principios.
El primero, y el que más nos interesa, es el del deseo concreto: no vale «quiero tener más dinero», hace falta una cantidad exacta, una fecha, y qué estás dispuesto a dar a cambio. Escrito en un papel y leído en voz alta cada día.
Por qué lo recomendamos desde Money & Kids
Porque el ejercicio de convertir un deseo vago en una cifra con fecha es exactamente lo que hacemos con los niños cuando quieren algo caro. «Quiero la bici» no se puede contar; «la bici cuesta 120 euros y ahorro 10 al mes, así que son doce meses» sí. Es el mismo gesto, y este libro lo explica para adultos.
Un aviso, para leerlo con la cabeza fría: el título promete más de lo que da. Hay capítulos que suenan a sermón y otros que hablan de fuerzas que no se pueden comprobar. Nosotros lo recomendamos como libro de objetivos y de constancia, no como un método para hacerse rico.
Ideas clave que trae
- Un objetivo sin cifra y sin fecha no es un objetivo
- Escribirlo a mano y volver a leerlo cambia lo que haces cada día
- La constancia vale más que la buena idea del principio
- Rodearse de gente que sabe más que tú del tema
- El miedo a fallar se aprende, así que también se puede desaprender
Preguntas frecuentes
¿De verdad promete hacerse rico?
El título sí; el contenido va sobre todo de objetivos, decisión y constancia. Nosotros lo leemos como un libro de hábitos y ahí es donde nos parece que vale la pena.
¿Sirve un libro de 1937?
Los ejemplos son de otra época y algunos capítulos han envejecido mal. La parte de fijar objetivos y sostenerlos sigue siendo buena, y es la que recomendamos leer con lápiz en la mano.
¿Se lo puedo dejar a un adolescente?
A partir de quince o dieciséis años sí, pero mejor comentándolo. Conviene avisarle de que un objetivo también necesita trabajo y suerte, no solo convencimiento.
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