Hay deudas que te dejan algo cuando terminas de pagarlas y deudas que se llevan dinero por algo que ya no existe. La diferencia no está en el importe ni en quién te lo presta: está en qué compraste y en cuánto dura.
Qué es, en una frase
Una deuda buena es la que te deja algo que vale más de lo que cuesta pagarla; una deuda mala es la que se lleva dinero futuro por algo que ya se ha consumido.
Una máquina y una tarjeta
Marcos ha ido al taller de su cuñado a que le corte unos listones para un rótulo. Diego corta y el serrín se queda flotando en la luz de la ventana. Vera ha venido con su padre porque el bar no abre hasta las siete.
En la pared del taller hay un clavo con un montón de papeles pinchados: los presupuestos que los clientes han aceptado. Diego dice que ese clavo es su nómina.
—Papá pidió dinero prestado para una máquina —suelta Vera de repente—. ¿Eso está mal?
Marcos deja lo que está haciendo. Tiene una costumbre buena: contar sus desastres sin adornos.
—Depende de qué máquina —dice—. La de cortar vinilo me costó cuatro mil euros prestados a tres años. Con ella empecé a coger trabajos que antes tenía que rechazar. Se pagó sola en año y medio y luego siguió trabajando. Esa deuda me hacía ganar dinero.
—¿Y la otra? —dice Vera, que ya sabe que hay otra.
Marcos tarda un poco en contestar. Esta parte no la cuenta como una gesta.
—La otra fue una tarjeta. Un viaje, un sofá, unas ruedas nuevas. Cosas normales, ninguna barbaridad. El problema es que cada una la fui pagando a plazos y los plazos se iban sumando unos encima de otros. Llegó un mes en que trabajaba entero para pagar cosas que ya me había gastado. Del viaje ni me acordaba.
—¿Y qué hiciste?
—Dos años pagando. Y lo peor no era el dinero: era abrir la aplicación del banco y no querer mirar. Nunca he pasado tanta vergüenza conmigo mismo.
Diego apaga la sierra. Marcos señala con la barbilla el clavo de la pared.
—La regla que uso ahora es esta: si cuando termino de pagarlo todavía tengo algo que vale la pena, es una deuda que trabaja. Si cuando termino de pagarlo no queda nada, es una deuda que me come.
Vera no dice nada, pero saca el móvil y lo apunta.
Qué nos enseña esta historia
- Una deuda es buena o mala según lo que quede cuando termines de pagarla, no según lo que costó.
- Deuda que trabaja: la que te hace ganar dinero, la que te lo ahorra o la que te da acceso a algo que dura más que el préstamo.
- Deuda que come: la que paga cosas que se consumen mucho antes de que termines de pagarlas.
- Ninguna deuda pequeña se ve mal por separado. El problema aparece cuando se suman varias y ninguna se decidió mirando el conjunto.
- La señal de alarma no es el importe: es empezar a no querer mirar el saldo.
La misma idea, a cada edad
La técnicaLa pregunta del día siguiente: ¿se acabó o se queda?
La deuda no toca todavía, pero su semilla sí: hay cosas que se acaban y cosas que se quedan. Al día siguiente de comprar algo, pregúntale dónde está. El helado no está: se lo comió y estuvo rico. La pelota sí está: se puede jugar otra vez. Repítelo tal cual cada vez que compréis algo pequeño, sin sacar ninguna conclusión y sin comparar una cosa con la otra. Las dos están bien. Lo único que estáis haciendo es que aprenda a notar la diferencia.
Díselo así«¿Dónde está ahora lo que compramos ayer? ¿Se acabó o se queda?»
La técnicaLos dos montones de fin de mes: lo que queda y lo que ya no
Con dinero suyo ya puede clasificar de verdad. Al final del mes, coged lo que se ha gastado y haced dos montones en un papel: lo que todavía existe y lo que ya no. Sin regañar y sin puntuar, solo mirar. La mayoría de los niños se sorprenden solos con el tamaño del segundo montón. Después, una única pregunta: si el mes que viene quisieras que el montón de lo que se queda fuera más grande, ¿qué cambiarías? Y la respuesta la da él.
Díselo así«¿Esto que has comprado seguirá existiendo dentro de un mes?»
La técnicaLas tres preguntas cada vez que pide algo a plazos
Aquí ya se puede hablar de deber dinero, porque ya lo ven en casa. Cuando pida algo caro y proponga pagarlo poco a poco, hazle las tres preguntas de verdad: ¿esto va a durar más que los meses que tardaré en pagarlo?, ¿me hace ganar o ahorrar dinero?, ¿podría seguir pagándolo un mes en que todo saliera mal? Con dos síes suele ser buena idea; con un no en la primera, casi nunca. No hace falta que decidas tú: las preguntas deciden solas.
Díselo así«¿Seguirá existiendo esto cuando termines de pagarlo?»
La técnicaLa regla de la duración: la deuda no puede durar más que la cosa
Los préstamos que le van a ofrecer primero son los peores: el móvil a plazos, el aplazamiento del comercio, la tarjeta con pago flexible. Enséñale el criterio completo, que es uno solo: la deuda no debe durar más que la cosa. Un préstamo para formación o para una herramienta con la que se gana dinero suele salir a cuenta; uno para un viaje, casi nunca, aunque el viaje merezca la pena. Y añade lo que nadie le va a decir: varias deudas pequeñas a la vez pesan más que una grande, porque ninguna parece importante.
Díselo así«¿Cuánto dura lo que compras y cuánto dura la deuda? Si la deuda dura más, malo.»
Cómo funciona de verdad
La diferencia entre las dos deudas no es moral, es aritmética. Una deuda es buena cuando lo que compras con ella produce más de lo que cuesta: te hace ganar dinero (una máquina, una formación), te lo ahorra (cambiar algo que cada mes te sale más caro) o te da acceso a algo que dura décadas, como una vivienda. Es mala cuando lo que compras se consume antes de que termines de pagarlo.
Un ejemplo con cifras inventadas. Un móvil de 600 € pagado en veinticuatro meses son 25 € al mes durante dos años. Si el móvil aguanta tres años, la deuda cabe dentro de la vida del aparato. Si lo cambias a los dieciocho meses, estás pagando dos móviles a la vez: el que usas y el que ya no. Eso es exactamente una deuda mala, aunque la cuota sea pequeña y aunque nadie te haya cobrado intereses.
El peligro real casi nunca es una deuda grande, sino varias pequeñas. Cuatro aplazamientos de 25 € parecen nada por separado, pero son 100 € al mes comprometidos antes de empezar el mes. Y como no llegan en la misma factura, nadie los suma. Sumarlos una vez al año, todos juntos en un papel, es de las cosas más útiles que se pueden hacer en casa.
Hay una señal que funciona mejor que cualquier cálculo, y conviene contársela a los hijos tal cual: cuando empiezas a evitar mirar el saldo, la deuda ya es mala, sea del tipo que sea.
En qué se diferencia🧮 El presupuestoEl presupuesto decide antes de gastar; la deuda es lo que pasa cuando se decide después.
Errores frecuentes
- Llamar «deuda buena» a cualquier deuda grande solo porque el banco la ha aprobado. El banco mide si puedes pagarla, no si te conviene.
- Mirar cada aplazamiento por separado. Es la forma más rápida de acabar debiendo bastante sin haber tomado ninguna decisión grande.
- Contarle a un adolescente solo la parte mala. Si toda deuda es un desastre, no entenderá por qué sus padres tienen hipoteca y dejará de escuchar.
- Ocultar en casa que existe una deuda. No hace falta dar cifras ni preocupar a nadie, pero un hijo que descubre a los dieciocho que aquello existía se siente engañado, no protegido.
Palabras que oirás por ahí
- Apalancamiento
- Usar dinero prestado para conseguir algo que produce más de lo que cuesta el préstamo. Es el nombre técnico de la deuda que trabaja.
- Amortizar
- Devolver parte del principal de un préstamo. Amortizar antes de tiempo reduce lo que queda por pagar y, con ello, los intereses futuros.
- Ratio de endeudamiento
- La parte de tus ingresos mensuales que se va en pagar deudas. Una referencia prudente habitual es que no pase de un tercio.
- Pasivo
- En contabilidad, todo lo que debes. Su contrario es el activo, lo que tienes; la resta de los dos es tu patrimonio.
Preguntas frecuentes
¿Existe de verdad la deuda buena o es una excusa?
Existe, pero es menos frecuente de lo que se dice. Es buena la deuda que produce más de lo que cuesta o la que da acceso a algo que dura décadas. Todo lo demás es deuda normal, que a veces conviene y a veces no, y deuda mala, que es la que paga cosas ya consumidas.
¿Le cuento a mi hijo que tenemos una hipoteca?
Sí, con naturalidad y sin cifras dramáticas. Es la mejor manera de que entienda que una deuda puede ser una decisión sensata y no un castigo. Lo que no ayuda es que se entere en mitad de una discusión.
¿A partir de qué edad entiende esta diferencia?
La idea de «se acaba» frente a «se queda» se entiende a los cuatro años. La versión con dinero y plazos, hacia los diez u once. Y la regla completa, la de que la deuda no dure más que la cosa, en cuanto tiene dinero propio.
Mi hijo mayor ya se ha metido en un aplazamiento que no controla. ¿Qué hago?
Primero, sumarlo todo en un papel con él y sin comentarios: casi nadie sabe cuánto debe hasta que lo escribe. Después, decidir juntos qué se cancela antes. Y no lo pagues tú entero: pagarlo tú le quita el problema, pero también el aprendizaje.
