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Donar y ayudar

Qué pasa cuando una parte de tu dinero es para alguien que no conoces.

Dar dinero a alguien a quien no vas a ver nunca es una de las cosas más raras que hacemos con él. No hay nada a cambio, no vuelve y muchas veces ni siquiera se sabe a dónde ha ido. Explicarlo bien en casa es explicar para qué sirve el dinero cuando ya no es solo tuyo.

Qué es, en una frase

Donar es dar dinero, tiempo o cosas a alguien que los necesita, sin esperar nada a cambio y eligiendo tú a quién. Cuesta algo de verdad: por eso enseña algo de verdad.

¿Y no se entera de que se lo he dado yo?

A la salida del súper del barrio hay desde el jueves una mesa con dos cajas de cartón y un cartel a mano: es la recogida de la asociación de vecinos. Lo que se deja ahí acaba en las casas del barrio a las que este mes no les llega.

Nora tiene seis años y ha venido a la compra del sábado con la abuela Pilar. En el bolsillo lleva sus monedas: las del pan y las de debajo del sofá.

En la mesa están Said, el de la tienda de bicis, y su hija Amina, que tiene nueve años y apunta lo que va entrando porque calcula más rápido que ningún adulto.

Nora se queda delante de las cajas con el puño cerrado. Dentro están sus monedas. Y arriba, en los juguetes de este mismo súper, sigue el patinete azul de cuarenta y dos con noventa. En el bote de la abuela hay veintiuno.

Amina le cuenta las monedas encima de la mesa: tres euros y veinte. Y le dice lo que da de sí, que es un paquete de galletas de las grandes.

Nora vuelve a entrar. Pone las galletas en la cinta de la caja y las paga ella, dejando las monedas de una en una en el mostrador.

Al lado, a la altura exacta de sus ojos, están las chuches. No coge ninguna.

Sale, mete el paquete en la caja de cartón con las dos manos y hace la pregunta que hace siempre.

Nora se queda pensando un rato largo, que en ella es un rato larguísimo.

Qué nos enseña esta historia

La misma idea, a cada edad

La técnicaDe su mano a otra mano, la misma escena cada vez

A esta edad dar algo a alguien que no se ve no significa nada, así que la donación tiene que tener cara. Antes de una recogida del colegio, sentaos delante de su caja de juguetes y que elija uno que aún le guste, no el roto. Y después lo importante: que lo entregue él en mano y que vea quién lo coge. Un juguete que desaparece dentro de una bolsa no enseña nada; uno que pasa de su mano a otra mano, sí. Repetid la misma escena cada vez, que a esta edad repetir no aburre.

Díselo así«Elige uno que te guste y dáselo tú. ¿Ves quién se lo lleva?»

La técnicaEl tercer bote: una moneda de cada diez, y él elige a quién

Ya puede repartir su propio dinero, y aquí funciona muy bien el reparto en tres botes: gastar, guardar y dar. Cuando reciba dinero, la paga, un regalo o lo que gane en un mercadillo, que lo divida él. El bote de dar no tiene por qué ser el mayor: con una moneda de cada diez ya existe. Y que sea él quien elija a dónde va: el refugio de animales del barrio, la recogida del colegio, la vecina que necesita algo. Si eliges tú, la donación es tuya y no suya.

Díselo así«De cada diez monedas, ¿cuántas quieres para dar? ¿Y a quién se las damos?»

La técnicaLo que dais al mes y lo que suma al año, y qué hace quien lo recibe

Ahora ya puede ver que en vuestra casa también se da, y conviene que lo vea con números. Enséñale lo que aportáis: una cuota mensual, lo del banco de alimentos, lo que echáis en la hucha del colegio. Dile cuánto es al mes y cuánto suma al año, que casi siempre sorprende. Y luego el otro lado, que es el que casi nadie enseña: qué hace esa organización con el dinero y cómo se comprueba. Ahí aprende que dar no es solo tener ganas, también es elegir bien.

Díselo así«Damos esto cada mes. ¿Sabes qué hace con ello quien lo recibe?»

La técnicaLos cien euros repartidos: una causa lejana y una del barrio

A esta edad se puede mirar esto con números y sin sermón. Cuéntale tres cosas: que una parte de lo que se dona desgrava en la declaración, o sea que el Estado pone otro trozo; que las organizaciones publican sus cuentas y cualquiera puede mirar cuánto se va en gestión; y que dar tiempo también cuenta y a veces hace más falta que el dinero. Y luego hazle una pregunta de verdad, de esas que no tienen respuesta correcta, y aguántate las ganas de opinar el primero.

Díselo así«Cien euros para repartir entre una causa lejana y una de tu barrio. ¿Cómo lo hacerías tú?»

Cómo funciona de verdad

Donar tiene tres formas y las tres cuestan algo distinto. El dinero es lo más útil para casi cualquier organización, porque lo usan en lo que hace falta y no en lo que sobra en tu armario. El tiempo es lo que más se agradece cuando hay que hacer algo con las manos, y para un adolescente suele enseñar mucho más que una transferencia. Y las cosas ayudan solo cuando alguien las ha pedido: la ropa que ya no quieres, mandada sin preguntar, se convierte en un problema de almacén para quien la recibe.

Elegir a quién se dona es la parte que casi nadie enseña en casa y la que separa la generosidad del impulso. Tres preguntas bastan: qué hace exactamente esta organización, dónde publica sus cuentas y qué parte del dinero se va en gestión. Una gestión de cero no es buena señal, porque nadie trabaja gratis para siempre; una gestión que nadie enseña, tampoco. Y desconfía de quien te aborda con muchísima prisa: las organizaciones serias aceptan que te lo pienses hasta mañana.

Hay una diferencia práctica entre dar una vez y dar todos los meses. Imagina 5 € al mes: son 60 € al año, lo mismo que un donativo suelto de 60 €. Pero para quien lo recibe no es igual, porque con lo que llega cada mes se puede planificar y con lo que llega una Navidad, no. Y en casa tampoco es igual: una cantidad pequeña y automática se sostiene años enteros, mientras que la de golpe depende de que ese día te acuerdes y te apetezca. Además, una parte de lo donado a entidades reconocidas desgrava en la declaración de la renta, o sea que el Estado acaba poniendo otro trozo encima del tuyo.

Conviene decir también lo que donar no es: no es un sustituto de los impuestos ni arregla por sí solo lo que está roto. Los impuestos pagan el colegio y el hospital para todo el mundo y no dependen de que alguien tenga un buen día; la donación llega donde uno elige, cuando uno quiere y hasta donde uno decide. Las dos cosas hacen falta y no compiten. Contarlo así en casa evita las dos versiones tramposas: la de que dando ya está todo hecho y la de que dar no sirve para nada.

En qué se diferencia🧾 Los impuestos📜 El testamento y la herenciaLos tres son dinero tuyo que acaba en otras personas, y se diferencian en quién decide y cuándo: el impuesto se decide entre todos y no es voluntario; la donación la decides tú hoy y ves a dónde va; la herencia la decides una sola vez para un día que no vas a ver.

Errores frecuentes

Palabras que oirás por ahí

ONG y fundación
Organizaciones sin ánimo de lucro. Pueden tener personas contratadas y ganar dinero: lo que no pueden es repartirlo entre dueños.
Desgravación
Parte de lo donado a entidades reconocidas se descuenta en la declaración de la renta. En la práctica, el Estado pone un trozo del donativo.
Donación recurrente
La que se paga sola cada mes. Es pequeña, se sostiene en el tiempo y permite a quien la recibe planificar el año.
Voluntariado
Dar tiempo en lugar de dinero. Para un adolescente suele enseñar bastante más, porque ve con sus ojos a dónde va lo que aporta.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto hay que donar?

No hay cifra correcta. Lo que funciona en casa es una cantidad pequeña, fija y automática, que se sostenga años sin pensarla. Una donación grande que hace daño al presupuesto se abandona en unos meses, y ahí no gana nadie.

¿Le obligo a dar una parte de su paga?

Obligar convierte la donación en un impuesto de casa, y con eso aprende a cumplir, no a dar. Es mejor que exista el bote de dar, que os vea a vosotros usar el vuestro y que él decida cuánto y a quién, aunque un mes sea cero.

¿Es mejor donar dinero o cosas?

Dinero, casi siempre, porque la organización lo pone donde de verdad hace falta. Las cosas ayudan cuando alguien las ha pedido expresamente; enviadas por iniciativa propia suelen crear trabajo y gastos de almacén a quien las recibe.

Vamos justos de dinero. ¿Tiene sentido enseñar esto?

Sí, y no hace falta que sea con dinero. Ayudar a una vecina con la compra, echar una tarde en una recogida o pintar el cartel de un mercadillo enseña exactamente lo mismo. Lo que se aprende no es la cantidad: es que uno decide aportar algo que le cuesta.

Recursos que ayudan a entenderlo