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🏦 El dinero que no es tuyo

El préstamo

Usar hoy un dinero que todavía no es tuyo.

Pedir prestado no es bueno ni malo: es traer al presente un dinero que todavía no ha llegado. Todo lo que viene después —los intereses, las cuotas, los líos— sale de entender bien esa frase. Y se entiende mejor a los seis años con dos euros que a los treinta con una hipoteca.

Qué es, en una frase

Un préstamo es dinero que alguien te deja durante un tiempo con el compromiso de devolverlo. No es un regalo ni es tuyo: es dinero prestado que sigue siendo de quien lo dejó.

Tres monedas y tres cuadraditos

El patinete azul de segunda mano cuesta veinticuatro euros. Nora lo sabe porque lleva tres meses preguntándolo cada vez que pasan por delante de la tienda, y porque tiene seis años y esa es la única cifra que le interesa del mundo.

Un jueves vuelca el bote encima de la mesa de la cocina y lo cuenta todo, moneda a moneda, con su hermano al lado haciendo de calculadora. Veintiuno con cincuenta. Le faltan dos con cincuenta.

Bruno tiene doce años, aprieta el euro consigo mismo como nadie y con su hermana pequeña es generoso hasta lo tonto. Saca tres monedas del bolsillo y las deja encima de la mesa.

Lo escriben en un papel: «Nora le debe tres euros a Bruno», y tres cuadraditos para ir tachando. El papel se queda en la nevera, justo al lado de la lista de la compra.

El sábado siguiente Nora paga el primer euro y tacha el primer cuadradito. Le gusta tanto tachar que casi le compensa.

El segundo sábado, igual. El tercero hay excursión al río y, si paga, no le llega para el helado. Se queda un rato larguísimo delante de la nevera, mirando el papel.

Bruno no le dice nada. Ni una palabra. Solo pasa por la cocina, mira el papel de refilón y sigue de largo, que es mucho peor.

Nora paga el euro. Y el helado no se lo compra.

El patinete llegó hace un par de semanas, cuando su hermano le prestó el dinero. Y cómo lo disfruta. Es azul, hace un ruido horroroso en las juntas de la acera y Nora se pasa la tarde entera subiendo y bajando el mismo trozo de calle.

En una de las paradas dice, sin que venga a cuento: —Ya no le debo nada a nadie.

Qué nos enseña esta historia

La misma idea, a cada edad

La técnicaEl juguete que sale y vuelve, con las mismas palabras cada vez

A esta edad prestar se aprende con cosas, no con dinero. Déjale un juguete tuyo delante de él y decid en voz alta cuándo vuelve: al acabar de merendar. Y cuando vuelva, decidlo también: ya está, ha vuelto. Luego al revés, que preste él algo que le importe poco y lo recupere el mismo día. Lo que tiene que quedarle no es la palabra préstamo, es la sensación de que lo que sale, vuelve. Repite las mismas palabras cada vez: a esta edad la repetición es lo que enseña.

Díselo así«Te lo dejo, y luego vuelve. Prestado quiere decir que vuelve.»

La técnicaEl papel de la nevera: cuánto, qué día y de dónde sale

Ahora ya se puede prestar dinero de verdad, poco y con fecha. Si le faltan dos euros para algo, préstaselos con tres condiciones dichas en voz alta: cuánto, qué día lo devuelve y de dónde va a salir. Escribidlo en un papel y ponedlo donde se vea, que la nevera vale. Cuando llegue el día, cóbraselo. Aunque le haga ilusión otra cosa, aunque te dé pena, aunque sean dos euros. Un préstamo que nadie reclama enseña justo lo contrario de lo que quieres enseñar.

Díselo así«Te dejo dos euros y me los devuelves el sábado de tu paga. ¿Trato?»

La técnicaEl adelanto de la paga, con la resta el sábado siguiente

Aquí aparece el adelanto de la paga, y es una ocasión buenísima si se hace bien. Adelántale el dinero, pero que note la resta: la semana siguiente cobra menos, y eso no se negocia el día que toca. Antes de decir que sí, hazle las dos preguntas que se hacen los adultos: ¿de dónde va a salir el dinero para devolverlo? y ¿qué pasa si ese día no lo tienes? Si no sabe contestar a las dos, todavía no está pidiendo un préstamo: está pidiendo dinero.

Díselo así«Te lo adelanto, pero el sábado cobras menos. ¿Aun así lo quieres?»

La técnicaLos tres números antes de firmar, no solo la cuota

A esta edad ya le van a ofrecer préstamos de verdad: el móvil a plazos, un curso, el primer coche. Enséñale a mirar tres números antes de firmar nada: cuánto le dan, cuánto devuelve en total y durante cuántos meses. Los tres, no solo la cuota. Y cuando los tres números le cuadren, párate un momento antes de decir que sí: queda una segunda pregunta, que es cuánto va a durar lo que está comprando. Esa la cuenta entera La deuda buena y la deuda mala, y conviene leerla antes de firmar el primer préstamo de su vida.

Díselo así«No me digas la cuota. Dime cuánto devuelves en total y en cuánto tiempo.»

Cómo funciona de verdad

Un préstamo tiene cuatro piezas y no hay ninguna más: el principal (lo que te dejan), el plazo (cuánto tiempo tienes para devolverlo), la cuota (lo que pagas cada mes) y el interés (lo que cuesta el favor). Quien presta asume dos riesgos —que no le devuelvas y que mientras tanto no pueda usar ese dinero—, y el interés es el precio de esos dos riesgos.

Con números pequeños se ve entero. Imagina que te dejan 300 € para devolver en doce meses. Si fuera entre hermanos y sin interés, pagarías 25 € al mes y ya está. Si te lo deja una entidad y te cobra, pongamos, un 10 % al año de ejemplo, devolverías unos 330 €: los mismos 300 más 30 € por haber podido usarlos antes de tenerlos.

Lo importante no es si eso es caro o barato, sino de dónde sale la cuota. Un préstamo no crea dinero: le quita una parte a tus próximos meses. Por eso la pregunta útil antes de pedir uno no es «¿puedo pagar la cuota?», sino «¿podría pagarla también el mes en que algo salga mal?».

Y hay una figura que conviene conocer aunque no aparezca en la vida diaria: el aval. Avalar a alguien no es recomendarlo, es comprometerse a pagar tú si esa persona no paga. Es una firma que se hace por cariño y que se paga con dinero. Explicárselo a un adolescente antes de que se lo pidan a los veinte vale su peso en oro.

En qué se diferencia📒 La cuenta bancaria infantilDe una cuenta solo puede salir el dinero que ya está dentro; un préstamo es exactamente lo contrario: usar hoy dinero que todavía no es tuyo.

Errores frecuentes

Palabras que oirás por ahí

Prestamista y prestatario
Quien deja el dinero y quien lo recibe. Conviene tener claro en qué papel estás cada vez, porque los riesgos son distintos.
Principal
La cantidad prestada, sin contar los intereses. Es lo que hay que devolver aunque no hubiera que pagar nada más.
Aval
Persona que se compromete a pagar la deuda si el prestatario no puede. No es una recomendación: es una obligación de pago.
Impago
Dejar de pagar una cuota. Suele traer recargos y, si se repite, la entrada en ficheros de morosos que cierran el acceso al crédito durante años.

Preguntas frecuentes

¿Está bien prestarle dinero a un hijo?

Sí, siempre que sea un préstamo de verdad: con cantidad, con fecha y con devolución real. Lo único que hace daño es prestar y luego olvidarse, porque le enseña que las deudas desaparecen si esperas lo suficiente.

¿Y si no me lo devuelve?

No se lo perdones ni se lo repongas: renegocia. Se alarga el plazo o se baja la cantidad semanal, pero la deuda sigue existiendo. Es exactamente lo que hará una entidad con él dentro de veinte años, y es mejor que lo aprenda ahora con dos euros.

¿Le puedo cobrar intereses a mi hijo?

Puedes, y a partir de los diez u once años es una manera muy clara de que entienda que el dinero prestado cuesta. No hace falta que sea mucho: con que devuelva un poco más de lo que le dejaste, la idea queda.

¿Es mala señal que pida dinero prestado a menudo?

No es mala señal, es información: significa que su dinero se le acaba antes de tiempo. Antes de prohibir nada, mirad juntos en qué se le va. El problema casi nunca es el préstamo, sino lo que pasa en las tres semanas anteriores.

Recursos que ayudan a entenderlo