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El testamento y la herencia

Lo que queda cuando alguien falta, y quién decide qué se hace con ello.

En muchas casas esto no se habla hasta que ya no se puede hablar. Entonces la conversación la tienen otros, con prisa, en una ventanilla y sin saber qué quería la persona. Dejarlo escrito antes no es adelantar nada triste: es ahorrarle un año malo a quien te quiere.

Qué es, en una frase

Una herencia es todo lo que queda de una persona cuando muere: sus cosas, su dinero y también sus deudas. El testamento es el papel donde ella decide, en vida, cómo se reparte.

Búscame el teléfono de la notaría

Pilar tiene setenta y dos años y una caja de latón de galletas donde cabe todo lo que importa. Esta mañana la ha volcado entera encima de la mesa del comedor, que es algo que no había hecho nunca.

La ha volcado porque el jueves se murió una vecina del cuarto y su hija lleva desde entonces yendo y viniendo con carpetas.

Pilar va separando. Aquí las escrituras del piso, que terminó de pagar hace doce años. Aquí tres libretas de bancos que ya no existen. Aquí el recibo del entierro de su madre.

Y aquí lo que no esperaba encontrar: el papel del reparto de entonces. Se lo queda mirando un rato largo. Aquello les llevó a su hermano y a ella año y medio de trámites: viajes al pueblo, colas en oficinas y un papel que siempre faltaba. Y estuvieron a punto de enfadarse de verdad por una casa que no quería ninguno de los dos y que, mientras tanto, había que ir pagando.

Lo que se le ocurre entonces no tiene que ver con el dinero. Su madre no dejó escrito nada. No porque no quisiera, sino porque de esto no se habla hasta que ya no se puede hablar.

Marcos llega a media mañana a arreglarle la persiana, ve la mesa llena de papeles y pone cara de haberse metido donde no debía.

Marcos no se sienta enseguida. Se queda de pie, con el destornillador todavía en la mano, mirando los montones de papeles. Luego aparta una silla y se sienta.

Tres semanas después, pegada por dentro en la tapa de la caja de latón, hay una cartulina escrita a mano. No dice cuánto hay. Dice qué hay, dónde está cada papel y un número de teléfono.

Pilar la lee cada vez que abre la caja y cada vez le da el mismo alivio tonto, el de haber devuelto por fin una llamada que llevaba años debiendo.

Qué nos enseña esta historia

La misma idea, a cada edad

La técnicaLa cosa que era de tu abuela, en sus manos

A esta edad no se habla de morirse a menos que lo saque él, y entonces se contesta con la verdad y en corto. Lo que sí se puede hacer es lo otro: enseñarle una cosa de casa que fuera de tus abuelos, una cuchara, una foto, una caja, y contarle de quién era y quién la cuidó antes. Que la toque y que la guarde él un rato. Después pídele que elija algo suyo que ya no usa para dárselo a alguien más pequeño. Eso es heredar, y aquí se entiende con las manos.

Díselo así«Esto era de mi abuela y ahora lo cuidamos nosotros. ¿Lo guardas tú?»

La técnicaTres cosas para dos personas: reparte tú y elige el otro

Ya puede repartir, y repartir bien es justo lo difícil de una herencia. Pon encima de la mesa tres cosas de distinto valor, unos auriculares, un libro y un juego, y díle que hay que repartirlas entre dos personas sin que ninguna se enfade. Déjale probar y no le ayudes. Enseguida descubre que partir por la mitad no siempre es lo justo, porque a cada uno le importan cosas distintas. Cuéntale entonces que hay personas que lo dejan escrito en un papel, precisamente para que sus hijos no tengan que discutirlo.

Díselo así«Repártelo tú y que el otro elija primero. ¿Sigue pareciéndote justo?»

La técnicaLo que viene con el piso: el impuesto, la comunidad y la deuda

Ahora ya entiende que heredar no es solo recibir. Explícaselo con un caso concreto: si alguien deja un piso, con el piso vienen el impuesto que se paga todos los años, la comunidad, las obras pendientes y a veces una deuda. Y hay algo que casi nadie espera: por heredar también se paga un impuesto, y se paga antes de poder vender nada. Por eso una herencia se puede aceptar o rechazar, y hay un plazo para decidirlo. Cuéntale también lo que cuesta el papeleo en tiempo: meses, a veces más de un año.

Díselo así«Con las cosas también se heredan las deudas. Por eso se puede decir que no.»

La técnicaLas tres cosas que decide la ley y las que decides tú

A esta edad agradece que no le trates como a un niño, y esto se puede hablar entero. Cuéntale tres cosas: que en la mayor parte de España una parte de la herencia está reservada por ley a los hijos y no se puede dejar a quien uno quiera; que heredar tiene su propio impuesto y que cambia mucho según la comunidad en la que vivas; y que un testamento se firma en una notaría en una sola visita y se puede cambiar tantas veces como haga falta. Luego pregúntale qué le parece y no corrijas la respuesta.

Díselo así«Un testamento no es para el que se va, es para los que se quedan. ¿Lo ves así?»

Cómo funciona de verdad

Cuando alguien muere, lo suyo no se reparte cosa a cosa. Las cosas y las deudas van en el mismo montón: el piso, la cuenta del banco y el coche, y también el préstamo que quedaba por pagar, los recibos de este mes y lo que se debiera a Hacienda. No se puede coger el piso y dejar el préstamo. Por eso heredar se puede aceptar, rechazar o aceptar con una condición que existe justo para esto: responder de las deudas solo hasta donde llegue lo heredado, y ni un euro más de tu bolsillo. Se decide dentro de un plazo, así que conviene enterarse antes de firmar nada.

El testamento es el papel donde una persona decide, en vida y en una notaría, cómo quiere que se reparta lo suyo. No es un cheque en blanco: en la mayor parte de España una parte está reservada por ley a los hijos, y sobre el resto sí se decide. Si no hay testamento, no es que no se reparta: se reparte igual, pero lo decide la ley siguiendo un orden fijo, y el papeleo es bastante más largo y más caro.

Un ejemplo con cifras redondas. Alguien deja un piso que vale 150.000 € y un préstamo de 20.000 € sin terminar de pagar. Lo que se hereda no son 150.000 €: son 130.000 €, porque el préstamo viene dentro y sale de ahí.

Falta el paso que pilla a más gente: por heredar hay que pagar un impuesto, y se paga antes de poder vender nada. También cuesta dinero poner el piso a tu nombre en el registro. De ahí una situación muy común, la de familias que heredan algo que vale bastante y que necesitan dinero para poder cobrarlo. Cuánto se paga depende sobre todo de la comunidad autónoma, y la diferencia entre unas y otras es enorme.

Y luego está la parte que no sale en ninguna ley y que es la que de verdad ahorra disgustos: dejar dicho dónde está todo. Una hoja con las cuentas que existen, los seguros contratados, dónde están las escrituras y a quién hay que llamar convierte un año de trámites en unas cuantas tardes. No cuesta dinero, no hay que firmarla delante de nadie y es lo primero que agradece la persona a la que le toca resolverlo todo.

En qué se diferencia🤲 Donar y ayudarLas dos son maneras de que tu dinero acabe en otras personas. En una eliges en vida, ves la cara de quien lo recibe y puedes cambiar de idea; en la otra decides una vez, por escrito, para un día que no vas a ver.

Errores frecuentes

Palabras que oirás por ahí

Legítima
La parte de la herencia que la ley reserva a determinados familiares, sobre todo a los hijos. Sobre el resto sí se puede decidir libremente.
Heredero y legatario
El heredero recibe una parte del conjunto, con sus deudas incluidas. Al legatario se le deja una cosa concreta, ese cuadro o esa cuenta.
Aceptar a beneficio de inventario
Aceptar la herencia respondiendo de las deudas solo hasta donde llegue lo heredado. Es la manera de no poner dinero propio.
Impuesto de sucesiones
El impuesto que se paga por heredar. Cambia mucho de una comunidad autónoma a otra y se paga antes de poder disponer de los bienes.

Preguntas frecuentes

¿Hace falta testamento si no hay casi nada?

Casi siempre compensa, y por una razón práctica: sin testamento hay que hacer antes una declaración de herederos, con más papeles, más tiempo y más gasto. Cuando lo que se deja es poco, ese sobrecoste se nota mucho más.

¿Se pueden heredar deudas?

Sí. Las deudas van en el mismo montón que las cosas, y por eso una herencia se puede rechazar o aceptar respondiendo solo hasta donde llegue lo heredado. Lo que no conviene nunca es aceptar deprisa y sin mirar.

¿Qué diferencia hay entre un heredero y un legatario?

Al heredero se le deja una parte del conjunto: la mitad, un tercio, todo. Y como recibe el conjunto entero, recibe también las deudas y el papeleo. Al legatario se le deja una cosa concreta y solo esa: el reloj, el piso del pueblo, el dinero de una cuenta. Si el testamento dice «para mi sobrina, el reloj», la sobrina se lleva el reloj y no tiene que ocuparse de nada más.

Dos cosas que conviene saber. Primero se pagan las deudas y después se entregan los legados, así que si no llega para todo, el reloj puede acabar vendiéndose. Y se puede ser las dos cosas a la vez, que es lo más habitual en las familias: heredero de una parte y, además, legatario de algo concreto que la persona quiso que fuera para ti.

¿A qué edad se habla de esto con los hijos?

Con los pequeños se habla de objetos que pasan de unas manos a otras, no de morirse. Sobre los diez o doce ya entienden que con una casa vienen gastos, y a partir de los quince se puede contar entero, incluido el impuesto y el papeleo. Con naturalidad asusta mucho menos que con silencio.

¿Y si mis hijos se llevan mal?

Entonces el testamento importa más todavía, y conviene ser muy concreto: quién recibe qué cosa, no solo qué porcentaje. La mayoría de los conflictos no nacen de la cantidad, sino de repartir cosas que no se pueden cortar por la mitad.